
Luego de enfrentar muchos desafÃos como es reiniciar la nivelación de sus estudios, tanto en la enseñanza básica y media, los estudiantes de las escuela de la Fundación Educacional Súmate, del Hogar de Cristo, han llegado al fin de un fructÃfero año académico donde los niños y jóvenes de las escuelas ubicadas en las comunas de La Pintana, Renca, La Granja y Maipú, han logrado afrontar los retos que implica el reinsertarse nuevamente en las aulas.
Según la última Encuesta CASEN del año 2006, se calcula que existen aproximadamente 22 mil 505 niños, entre 6 y 13 años, que no asisten a un establecimiento educacional, lo que equivale a un 1,1% de la población en este rango de edad. En Educación Media, la cifra aumenta ya que existen 96 mil 228 jóvenes, entre 14 y 17 años, que no asisten al colegio; es decir, un 4,5% de la población. Y sólo en la Región Metropolitana hay 45 mil 343 niñas, niños y jóvenes fuera del sistema escolar, entre 6 y 17 años.
Los alumnos que ingresan a las Escuelas Súmate, presentan un retraso pedagógico aproximadamente de 4 años, deserción precoz de la escuela y la gran mayorÃa, trastornos especÃficos de aprendizaje. El Programa Reinserción Educativa de la Fundación, pretende ayudar a niños y jóvenes con marcado retraso pedagógico que presentan condicioners de vulnerabilidad, a través de una educación de calidad para que alcancen el máximo de sus conocimientos y habilidades.
Danilo FrÃas, director ejecutivo de esta institución, nos comenta que “Las Escuelas de Súmate para el próximo año contemplan alrrededor de 650 matrÃculas, en ellas se implementan programas y planes educacionales reconocidos por el MINEDUC. Además tienen un nuestro Plan de Formación Integral (PFI), que pretende que el alumno desarrolle conocimientos y habilidades interpersonales, para que pueda formar su propia identidad, con apoyo psicosocial adaptado a las distintas realidades que presentan”.
Esta metodologÃa incentiva a que cada niño y joven que estudia en las Escuelas Súmate aprendan a resolver conflictos, impulsando una participación cada vez más activa y protagónica, como asà también de la familia y la valoración del grupo como fuente de autoayuda y aprendizaje, ya que el trabajo integral que se ejerce en el ámbito educativo, fortalece la participación activa de la familia y sus capacidades protectoras.