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El caso de Marcelo Pino: “Partí en una mediagua, sin luz ni agua potable y me costó mucho estudiar”

Joven sommelier, nacido en Pichilemu, sorteó todas las adversidades a base de tesón, con el apoyo de su madre.

6 febrero, 2018

30 historias de superación -15 testimonios de chilenos y 15 de extranjeros- recoge Isabel Vega en su libro “La aventura de reinventarse”. Aquí reproducimos la de un joven y exitoso sommelier, reconocido internacionalmente, que nació en Pichilemu y logró sortear todas las adversidades a base de tesón, con el apoyo de su madre.   

 

“Hijo mayor de siete hermanos, vivió su infancia en la playa de Pichilemu junto al mar y a su madre, una luchadora que con mucho esfuerzo sacó adelante a sus hijos, incentivándolos a estudiar y a trabajar siempre con honestidad. Gracias a eso, todos crecieron alejados de las drogas y de las malas compañías. Hoy varios de ellos son profesionales, todos trabajan y son buenas personas, que se reúnen los fines de semana a compartir en familia.

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Cuando era pequeño el padre de Marcelo se alejó, aparecía muy de vez en cuando y no hacía ningún aporte, mientras ellos tenían que buscar la manera de sobrevivir. Su mamá siempre les decía que ser pobre no significaba ser inútil, ni quedarse con los brazos cruzados esperando que alguien lo ayude, sino que había que aprovechar todas las oportunidades. Por eso, desde niño él inventaba negocios con el propósito de aportar algo para comprar la comida que siempre escaseaba en su casa. Uno de estos emprendimientos tuvo lugar a los 6 años, cuando tomó una pala y junto a uno de sus hermanos salió a ofrecer a los vecinos sacar la maleza de sus terrenos. Otro fue aprender a cocinar y a hacer pan amasado para vender en el barrio. Luego cuando creció, su espíritu inquieto lo llevó a explorar el gran mercado de la playa. Ahí comenzó ofreciendo maní, palmeras, cuchuflíes, y terminó ampliando su rubro con la incorporación de pelotas y baldes de arena.

En paralelo, Marcelo tenía que ir al colegio y en los primeros años le costó adaptarse a esta disciplina, lo que le reportó un bajo rendimiento escolar. Como era un niño acostumbrado a la libertad y a los grandes espacios, en vez de estudiar prefería dedicar su tiempo al surf, su gran pasión. Soñaba viajar con su tabla y conocer el mundo. No obstante, a pesar de sus logros en este ámbito, no tenía la certeza de que su futuro iba a prosperar por la línea del deporte y tomó la decisión de concentrarse en los estudios. Esta determinación lo llevó, en octavo básico, a ganar una beca de la Presidencia de la República, que le permitió finalizar sus estudios en el Liceo de Pichilemu.

Al egresar del colegio estuvo trabajando un año como salvavidas y fantaseaba con la idea de viajar por el mundo haciendo surf. Sin embargo, en ese tiempo recibió una noticia que cambiaría su rumbo. Su polola estaba embarazada y él iba a ser padre a los 19 años. Este hecho marcó un punto de inflexión que lo llevó a tomar la decisión de cambiar el surf por la cocina. Entonces se trasladó a Santiago para poder estudiar y trabajar, ya que tenía que generar ingresos para sostener a su nueva familia, y se matriculó en la carrera de Gastronomía en el Instituto Diego Portales. Ahí partió su nuevo camino como chef, y más tarde, como el reconocido sommelier que es actualmente. En los años 2011 y 2014 obtuvo el premio al Mejor Sommelier de Chile y en la actualidad viaja a contiendas internacionales donde se ha ganado un lugar entre los mejores del mundo.

-¿Te ha costado mucho avanzar por el camino que elegiste?

-Por supuesto que sí. Partí en una mediagua, sin luz ni agua potable, y me costó mucho estudiar. Después tuve que alejarme de mi familia y acostumbrarme a Santiago. Cuando llegamos con mi hermano Christian, conseguimos alojarnos en una casa que quedaba en la periferia de la ciudad, y nos demorábamos al menos dos horas en llegar a clases. Recién al segundo año me pude mudar al centro para compartir un pequeño departamento con otras siete personas. En las noches no me atrevía a salir porque escuchaba hablar de la delincuencia y de lo peligrosas que eran las calles. Entonces, en lugar de ir a pasear con mis amigos me quedaba estudiando, lo cual me proporcionó muchas satisfacciones académicas y una gran seguridad en mis capacidades.

-¿Cuál era tu sueño en ese tiempo?

-Cuando viajaba en bus por las calles, me llamaba la atención el edificio del Hotel Crowne Plaza y soñaba con trabajar ahí. Eso no se pudo realizar, pero cuando egresé un amigo me contactó con otro hotel también elegante y prestigioso, y después de un difícil proceso de selección conseguí empleo en la cocina del Ritz Carlton. Allí estuve trabajando durante tres años.

-¿Y cómo llegaste a interesarte por los vinos?

-En el Ritz tuve una buena compañera que sabía mucho de vinos, cepas y maridajes. Yo la veía hacer eventos y conversar con los pasajeros del hotel sobre estos temas, lo cual me parecía un trabajo más estimulante que estar todo el día encerrado en la cocina. Además que era mucho mejor remunerado. Entonces le pedí que me enseñara, y en el año 2007 decidí renunciar a mi trabajo para ingresar a la Escuela de Sommeliers de Chile, donde aprendí enología, inglés, historia y comercio internacional.

Con la gran pasión que pone Marcelo en todo lo que hace, este nuevo desafío lo motivó a estudiar, a investigar y a relacionarse con muchas personas que con el tiempo lo han ayudado a progresar. Uno de ellos es Hector Vergara -su mentor hasta hoy– único profesional que posee el título de Master Sommelier en Latinoamérica.

Al terminar la carrera, empezó a trabajar como embajador de la Viña Casa Silva, donde ha seguido aprendiendo y perfeccionándose. Recuerda que hace seis años lo mandaron por tres meses a Canadá para que estudiara inglés, idioma fundamental en el mundo vitivinícola. Y fue entonces, a los 29 años, cuando recién conoció el aeropuerto de Santiago. En esa oportunidad, otra vez sintió que este viaje era un hito que cambiaría sus circunstancias, al permitirle conocer otras culturas. Y no se equivocó. Posteriormente tuvo la oportunidad de ir a competir a Brasil, donde logró el octavo lugar en el Panamericano de Sommeliers, y después fue a perfeccionarse a Inglaterra con Gerard Basset, elegido Mejor Sommelier del Mundo en 2010. Los logros que ha obtenido han sido muchos, en el Mundial de Sommeliers realizado en Japón alcanzó el lugar 26. Recientemente consiguió el segundo lugar en el Concurso Mejor Sommelier de las Américas 2015. Y ahora se está preparando para partir a Mendoza, representando a Chile en el próximo Mundial de Sommeliers.

Hasta el momento nada ha podido detener a este joven amable y sencillo, amante de las ostras y del champaña. Él ha sabido ser el protagonista de su historia y ha logrado escribirla con su propia letra. Su tremenda energía, su espíritu positivo y su perseverancia lo han llevado a lugares impensados, porque para él no existen los límites y siempre está dispuesto a luchar para seguir creciendo y avanzando.

En este momento, aparte de su trabajo en la viña hace clases en la escuela de sommeliers, también entrena al personal de un importante hotel y está a punto de publicar la sexta edición de la Guía de Aguas que presentó por primera vez en el año 2010. En ella hace un ranking con las diez mejores aguas embotelladas que se venden en el país, con el fin de servir como referente único para el consumidor y la industria latinoamericana.

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-¿Cuál ha sido tu mayor obstáculo a través de esta intensa trayectoria?

-Lo más difícil ha sido la falta de apoyo institucional y estatal, porque tengo que estudiar constantemente además de trabajar para mantener una familia, financiar los viajes y todos los gastos, lo cual significa un tremendo esfuerzo y eso me tiene un poco cansado.

A nivel personal, sin embargo, Marcelo cuenta con un gran apoyo, por eso no se olvida de la importancia de los afectos y mantiene una estrecha relación con los amigos y la familia. Su mamá, sus tres hijos y su mujer, que está a su lado desde hace 15 años cuando empezó esta aventura, constituyen su cable a tierra, y lo esperan con cariño cada fin de semana en Pichilemu. Allí él sigue llenándose con la energía que le entrega el mar, para luego volver con más fuerza a enfrentar los nuevos desafíos… que al parecer en su vida nunca terminan.

Las circunstancias adversas de su infancia no lograron doblegar su determinación, ni disminuir su gran capacidad de proyectarse a un futuro sin límites. Gracias a su empeño logró salir de la pobreza, y debido a su confianza en sí mismo ha llegado a superar incluso sus propias metas. Hoy Marcelo se ha convertido en un referente para muchos jóvenes que vienen de familias humildes y aspiran a transmitir a sus hijos valores vinculados a la superación personal mediante el esfuerzo, el trabajo y la honestidad”.

 

 

 

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