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La música permite atraer de vuelta al colegio a quienes desertaron de la sala de clases

Terminó por gatillar la crisis: la muerte de su marido a meses del diagnóstico de una cardiopatía.

27 noviembre, 2017

En Chile hay 77 mil jóvenes de entre 6 y 17 años que están fuera del sistema escolar. En muchos casos, hacerlos confiar en su talento pasa por poner un micrófono o una guitarra en sus manos.

Margherita Cordano F.

Mientras miraba a su hijo arriba del escenario, Elsa Pérez no pensó en todas esas veces que debió ir a buscar a Sebastián al colegio porque su comportamiento molestaba a profesores y compañeros. Tampoco recordó ese período en que el niño dejó de estar motivado por ir a clases y empezó a faltar de forma recurrente, ni en eso que terminó por gatillar la crisis: la muerte de su marido a meses del diagnóstico de una cardiopatía.

“En lo único en que pensaba era en lo mucho que se ha superado. De cómo ha cambiado su carácter, porque era una persona agresiva; podía llegar a romper una puerta a golpes. Y cambió del cielo a la tierra. Mientras lo miraba, lloré… aunque claro, desde que toca instrumentos lloro cada vez que se presenta”, confiesa.

Después de pasar por varios establecimientos educacionales, Sebastián Torres (17) está terminando su 8° básico en el colegio Padre Álvaro Lavín de Maipú. Hasta ahí llegó después de que una profesora le hablara a la familia sobre la Fundación Súmate, del Hogar de Cristo. La institución trabaja con cuatro colegios en Santiago y uno en Lota bajo el objetivo de apoyar a quienes están en riesgo de abandonar, o vuelven a clases después de haber desertado del sistema educativo. Para ello cuentan con programas de nivelación y talleres, además de profesores capacitados para enseñar a jóvenes que han sido catalogados como niños con problemas de aprendizaje.

Entre los talleres, hay uno de música en el que a los alumnos se les fomenta armar una banda. Tres de ellas -Los Revoltosos, Maldita Avenida y Los Contracorrientes- se presentaron el martes ante una audiencia de más de 800 personas en el Teatro Cariola de Santiago.

“Fue una bonita experiencia, ensayamos harto y creo que nos terminó saliendo bien. Yo rapeo siempre; estoy todo el rato practicando para que no se me olviden las letras. Si hasta hago aseo con la música puesta como una técnica para recordar”, dice Leandro Mesías, vocalista y rapero de Los Contracorrientes, la banda que en el festival representó al Colegio Betania de La Granja.

Aunque al principio la baja autoestima de Leandro (18 años y alumno cursando 1° y 2° medio de forma conjunta) le impedía creer en la idea de que podía destacar presentándose en vivo, con el tiempo y el trabajo en el colegio su confianza fue aumentando. “La música ha sido una forma de motivarme. Al final me ayuda a desahogarme”, explica.

Durante su presentación en vivo, mientras Leandro y su banda tocaban, el público empezó a aplaudir y a sacar fotos con celulares e incluso a saltar. “La banda Sinergia -que participó en el Festival de Viña del Mar y fue galardonada con el Copihue de Oro- estaba ahí y se subieron a tocar con nosotros. Eso es algo que voy a recordar siempre, porque el Rorro (vocalista) me dijo que soy bueno en esto que hago. Y eso del talento yo antes no me lo creía tanto”.

Atrás quedó la época en que debió dejar el colegio por problemas económicos que lo llevaron a trabajar desde niño. A Súmate llegó para completar 5° y 6° básico.

Según la encuesta Casen 2015, en Chile hay 77 mil jóvenes de entre 6 y 17 años que están fuera del sistema escolar. “Nuestra experiencia nos muestra que el 100% de los chicos no quiso salir de la escuela. Lo que pasa es que en algún momento no tuvieron más alternativa por situaciones familiares, económicas o de conflicto”, indica Liliana Cortés, directora ejecutiva de Súmate.

“En muchos casos, hay problemas de aprendizaje mal diagnosticados. O pasa que la escuela tiene muchas normas y poca flexibilidad, así que el joven que tiene dificultades empieza a sentir que las puertas se cierran porque se le pide que resuelva sus problemas familiares, económicos, de contexto… se les dice ‘¿hay balaceras en su población? Bueno, no es problema nuestro, al colegio tiene que venir todos los días’. Se les hace responsables de cosas que muchas veces no pueden manejar”. El fenómeno de la deserción -agrega- se concentra “en los sectores de pobreza tanto económica como multidimensional”.

La música -y en este caso particular, el festival de bandas- es una de las formas bajo las que se espera crear un mayor vínculo entre el colegio y los alumnos: se fomenta el entusiasmo y, por ende, el compromiso hacia la institución. Asimismo, universidades como la de Harvard y Cambridge han avalado que participar en un coro o tocar en una banda escolar ayuda a potenciar la autoestima de los escolares.

“Soy una raya en el mar, fantasma en la ciudad, mi vida va prohibida, dice la autoridad. Solo voy con mi pena, sola va mi condena”, cantaron arriba del escenario del Teatro Cariola Leandro y su compañera Melanie, quien lo acompañó en la voz, hace unos días. Y a pesar de que la letra de su canción habló de tristeza, al recibir el aplauso y las felicitaciones del público, ambos se bajaron de la tarima sonriendo.

14 a 18 años es el tramo de edad en el que la deserción escolar es más alta en el país. “Lo que muestra que esta es una problemática adolescente”, indica Liliana Cortés, directora ejecutiva de Fundación Súmate.

Experiencias frágiles

Son pocas las organizaciones que entregan alternativas de escuelas de reingreso en el país. “Muchas personas tienen que esperar a ser adultos para recién volver a estudiar, porque ahí se pueden matricular en algún centro de educación de adultos. Pero el ideal es actuar antes, recuperarlos lo antes posible”, dice Liliana Cortés.

“Hoy día el país no tiene una oferta pública y clara para resolver el tema de la exclusión educativa, más bien tiene programas financiados por el Ministerio de Educación. Pero estas son experiencias frágiles, con fondos concursables que no logran toda la cobertura necesaria. No es política pública”, agrega. “Los fondos concursables han disminuido de manera considerable en los últimos tres años, de 3.600 millones a mil millones de pesos”.

Publicado en diario El Mercurio 

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