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Rodrigo Durand, chef: “El gran sueño es que cada colegio termine con una panadería”

Cuatros años han pasado desde que la fundación Súmate, del Hogar de Cristo, organizó su primer Encuentro Gastronómico, el cual convoca a los mejores estudiantes del taller de cocina de sus escuelas de reingreso.

31 octubre, 2017

Cuatros años han pasado desde que la fundación Súmate, del Hogar de Cristo, organizó su primer Encuentro Gastronómico, el cual convoca a los mejores estudiantes del taller de cocina de sus escuelas de reingreso. El chef Rodrigo Durand fue uno de sus artífices, acompañado a los jóvenes y a los profesionales de la institución en un torneo que pretende resaltar y reconocer el talento de adolescentes que alguna vez estuvieron fuera del sistema escolar a consecuencia de sus adversas situaciones socio económicas, familiares, personales. Esta no es una competencia, sino una demostración de habilidades que son reconocidas en diferentes categorías.

Rodrigo Durand es un destacado chef nacional, merecedor de importantes reconocimientos como el obtenido el año 2012 por su libro en el que estudia la gastronomía de la Patagonia chilena. El premio fue recibido en los Gourmand World Cookbook Awards en París. Además, es miembro de reconocidos círculos gastronómicos y actualmente es el creador y director de Küme-Chile, una empresa dedicada a apoyar el desarrollo de proyectos gastronómicos en hoteles u otras organizaciones, entregando herramientas y optimizando los procesos.

-¿Cómo comenzó tu vínculo con Súmate?

-Empezó con el primer torneo gastronómico. Me contactaron de Súmate, porque ya había hecho una cena para el Hogar de Cristo, y me contaron del proyecto con los colegios. Y como fui scout, muy ligado a los temas sociales, tengo un tema de responsabilidad social con gente de mi país. Uno tiene que devolver las cosas buenas que te da la vida y esa era mi retribución a la vida, poder ayudar a los niño, tratar de que vieran en la gastronomía una oportunidad que, más que convertirse en cocineros, puedan desarrollar habilidades blandas y además ejercerlo como un oficio. El primer torneo salió súper bien, los grabamos y lo empezamos a mover en las redes. Lo vieron desde Argentina, específicamente desde la localidad de Gualeguaychú, y me contactaron. Me dijeron que ahí tenían una situación muy parecida y al final terminé haciendo el primer torneo gastronómico en Argentina, después el segundo y este año viene el tercero. Imagínate, trascendió.

-Para ti, en lo personal, ¿qué ha significado participar en estos encuentros y compartir con los jóvenes?

Para mí esta no es una realidad desconocida. Fui scout, hice campamentos escolares cuando chico, tengo hartos ahijados putativos de La Legua, La Victoria. Cuento con un conocimiento bien aterrizado de la realidad chilena y sus problemas. Para mí, la gastronomía es una herramienta para poder llegar a la juventud, de comunicación y contacto con el medio. A través de ella trato de hacer transformaciones en el capital humano. Trato de que los jóvenes puedan desarrollarse a través de la gastronomía y que vean que son capaces de hacer cosas. Es un gozo en el alma ver que en los chicos tiene un impacto positivo.

-¿Qué te manifiestan los jóvenes de esta actividad?

-Después de cuatro años, ya hay un precedente y los niños vienen con más conocimiento. Pero la primera vez del concurso, los chicos no tenían mucho interés porque no se proyectaban con que podían ser cocineros y que la cocina les podía servir en sus vidas. Esa vez usé una estrategia, ese año fui el productor del programa Top Chef de canal 7 y llevé a personajes de la televisión. Entonces cuando vieron eso a los jóvenes les cambió el chip.

-En estos cuatros años, puedes decir que hay talento.

-Claro. La televisión para estos casos ayuda mucho porque los chicos se proyectan desde ahí. Aunque desde mi profesión es malo porque la gente entra a estudiar gastronomía porque quiere salir en la tele. Para algunos chicos ponerse el gorro de chef es como ser niñita, pero ahora ya no;  es ser como artista. Hay talentos y los profesores hacen un trabajo súper bueno. Hay talentos pero creo que hoy se podría hacer mucho más. No por más herramientas ni por un tema económico, sino porque son tan inestables sentimentalmente, lo han pasado tan mal en sus vidas, que de repente pueden tener la intención y querer lanzarse, pero no están las oportunidades. Entonces es un arma de doble filo: los estamos incentivando para que se puedan proyectar y ser cocineros, pero en realidad después no van a poder estudiar. Por eso es importante que lo que les demos acá tenga proyección futura.

-Este torneo no es como Master Chef…

-No, con ellos no se puede hacer una competencia. No es el objetivo, sino que participen y les sirva. La idea no es competir, porque los que pierdan se van a desmotivar y ya vienen con falencias tan grandes, que les podría hacer peor. Siempre fuimos como seis chefs, amigos míos, y lo que estoy tratando es involucrar a otros del rubro, que no son mis amigos. ¿Por qué? Porque creo que esto puede trascender. Hay chefs que son de empresas de panes, de maquinarias que a futuro pueden desarrollar algún proyecto con Súmate, aportar maquinarias. Mi gran sueño es que cada colegio termine con una panadería, con los chicos vendiendo y haciendo pan a otro nivel.

 

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